Tras mucho mirar y en nuestro afán de viajar a bajo coste, descartamos los hoteles en el centro de la ciudad que eran de precios desorbitados y nos decidimos gracias a una compañera mía de trabajo a hospedarnos en un B&B llamado La Dame de Carreau regentado por dos chicos encantadores y que ademas hablan español, ellos son Laurent y Philippe. En resumen, que la estancia fue perfecta y por un precio bastante asequible disfrutamos de los pocos ratos que pasamos en la casa.
Pero la llegada al aeropuerto Charleroi fue un shock, bajamos del avión esperando una entrada a un país civilizado y ordenado como se espera del centro Europa, pero a la salida todo era caótico, una locura!!!! La gente se empujaba, corría de un lado a otro, los coches se agolpaban a la salida y tocaban la bocina hasta dejar sordo a cualquiera, no sabíamos que hacer, fuimos hacia la izquierda!!! no es hacia la derecha!!!,conseguimos llegar hasta donde comprar los billetes de bus donde la gente estaba en cola, hasta que justo detrás nuestra sonó una llamada de Dios, perdona...
nos dijo, perdona...¿habláis español?, si!!! contesté. Era un chico de unos veintisiete años que nos proponía subirnos a un taxi compartido con él, nos explico que era muy normal pactar un precio con el taxista según la gente que se subiera en el, para dejarnos en el centro de Bruselas, claro que si!!! dijimos al unisono. Una vez subidos en el taxi, y viendo que nos llevaba a una velocidad superior a 150 Km/h, nos miramos y nos preguntamos... ¿Esto es Bruselas? o ¿El Cairo?. Luego nos reímos de todo aquello, puesto que quien se iba a imaginar que íbamos a tener una llegada tan espectacular en un país como Bélgica.
Al final llegamos al B&B a eso de las doce de la noche, conocimos a nuestros nuevos amigos y nos acostamos pensando en que nos esperaría al día siguiente.
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