Llegamos a Buenos Aires, y la expresión de nuestras caras mientras Silvio y Feli nos llevaban a su casa en su vehículo, lo decía todo. El tráfico de locura al estilo asiático contrastaba con el paisaje europeo que teníamos delante. Pasamos cerca de puerto maderos, y nos dio la impresión de estar en el puerto de nueva york del siglo XIX, pero con un fondo curioso, los rascacielos más modernos. Llegamos a casa de los Barboza, y como no, su familia nos tenía preparado ¡un asado paraguayo!, ese día, lo pasamos en familia, descansando y cogiendo fuerzas para los días que seguirían.
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| Obelisco |
Nos levantamos cansados pero decididos a llegar al centro de Buenos Aires, preguntamos a Silvio como teníamos que hacer para llegar al centro de la ciudad, y ¡sí! después de casi dos horas ¡llegamos al centro! Salimos de la boca del metro o subte, como le llaman los porteños, y nos quedamos con la boca abierta al ver la segunda avenida más grande del mundo, la primera para los Argentinos, no se como describirla, pero es inmensa, tanto de larga como de ancha y para cruzarla teníamos que pasar por al menos cinco pasos de peatones, nos giramos y allí estaba, el obelisco, justo en el centro e imponente, con el edificio del ministerio de educación en el fondo en galardonado con la imagen de Eva Perón, y justo delante la bandera de su patria, una imagen que sin duda no olvidaremos.
Este día lo dedicamos íntegramente a la avenida y sus alrededores, paseamos durante muchas horas hasta que quedamos con Sol, la hija mayor de los Barboza, un encanto de chica que nos enseñó mucho de cómo vivir en una ciudad tan enorme y no morir en el intento. Llegamos a la casa a casi las once de la noche. Como sabíamos que íbamos a perder mucho tiempo en transporte decidimos que los próximos días nos iríamos con Silvio hacia su trabajo, sobre las cinco