jueves, 2 de octubre de 2014

Los primeros días. 29, 30 y 31 de agosto

El viernes 29 llegamos a Madrid, allí nos esperaba la prima de Carlos, quien nos llevó al hotel ibis en Canillejas muy cerca de las paradas de metro El Carmen y Quintana, no es céntrico pero cumplió con nuestras necesidades una ducha y una cama. Cuando nos levantamos por la mañana decidimos dar una vuelta por los alrededores y fuimos a ver la casa donde se quedó Adriana cuando llego a Madrid por primera vez. Después de una mañana nostálgica fuimos a buscar a José Antonio, que se presento en la parada del metro, decidimos desayunar al estilo madrileño y cuando nos dieron las 12:00 horas hablamos con Carlos, que había dormido en casa de sus tíos muy cerca de alli, para quedar y tomarnos una cervecita antes de emprender el viaje. Su prima s ofrece una vez mas y nos llevo al aeropuerto. Una vez en el aeropuerto comenzó el tedioso proceso de facturación y espera para volar. Por fin nos vimos sentados en nuestros asientos. Sobre qatarairwais me gustaría comentar que como compañía me parece estupenda sobre todo  en mi viaje a Japón donde la atención fue muy buena, pero sí tengo que ponerle un pero, el trato a Katmandú con respecto al trato a Tokio fue muy diferente por lo que me quedo claro que cuando viajas con ellos a un país menos desarrollado, el viaje se hace menos ameno.
Cuando el día 31 llegamos a Katmandú y bajamos del avión la primera impresión fue que el país estaba más modernizado de lo que pensamos, ya no había mostradores con colas de gente para sacar el visado como leí en algunos blogs, ahora existían unas maquinas individuales que incluso te sacaban la foto,  no tardamos más de 30 minutos en salir del aeropuerto.
Llegada aeropuerto
Pero esta impresión de  modernidad nos duro poco, en el momento en el que salimos del aeropuerto, una vez regateado el precio con los taxistas que nos acosaban subimos en el taxi y comenzamos a circular por una ciudad caótica en todos los sentidos. Coches por la derecha, coches por la izquierda, en todos los sentidos, bicicletas y motocicletas con hasta tres personas subidas en ellas incluso con un niño en la parte delantera, personas cruzando por pasos inexistentes de peatones, vacas cruzando las calles sin pavimentar, los clásicos tuk tuk ralentizando el trafico obligando a los vehículos a realizar adelantamientos extremos...caos total. Estábamos todos con la boca abierta y en cada adelantamiento gritábamos al unísono. ¡¡¡Cuidado, cuidado!!!

El taxi nos dejó en una agencia de viajes a dos pasos de nuestro hotel, su intención en un principio era que contratáramos todos los servicios de guía y porteador con ellos, pero nosotros teníamos bien claro que no buscábamos eso, queríamos  hacerlo solos. Lo que sí decidimos negociar con ellos fue el viaje hasta Besisahar y el avión de Jomsom a PoKara. Tras el cambio de moneda y hacer un fondo común para todo el trekking nos dirigimos hacia el hotel.
El Tenki Hotel en un principio nos pareció un hotel  más bien malo, todo nos parecía sucio, pero después de la experiencia de todo el viaje, podemos decir que fue uno de los mejores.  Para todos aquellos que os fieis de nosotros os dejo aquí el enlace con toda la informacion, nosotros reservamos el  hotel en booking.com.
Una vez dejadas las cosas en el hotel nos dispusimos a ir a la Oficina de Turismo de Katmandú para
conseguir los permisos TIMS y ACAP necesarios para la realizacion del trekking. Cuando llegamos a las oficinas nos pasó algo que nos gustaría comentar, sobre todo para evitar engaños.
Dal-Bath
Todos los servicios gubernamentales tienen un precio fijo que debéis de buscar en alguno de los folletos que encontréis en las propias oficinas, o incluso como fue en nuestro caso  en el propio documento. Cuando fuimos a pagar el TIMS el señor que en un principio nos pareció muy amable nos dijo que el precio de la autorización para realizar el trekking era de 2200 rupias nepalíes cuando ya habíamos pagado y nos disponíamos a marcharnos nos dimos cuenta que en la propia tarjeta de autorización ponía su precio que era de 2000 rupias, nos quiso estafar 200 rupias por cada uno, nos dirigimos a el con cara molesta rectifico y al ver que no nos podía engañar nos devolvió el dinero con la cabeza gacha. 
Después de esto decidimos negociar con un taxista para que nos llevara a la ciudad de Patan, si quieres saber más sobre Patan pulsa aquí. Es una ciudad antigua con los mismos síntomas que Katmandú, trafico caótico por todas partes. En realidad de la ciudad lo único que merece la pena es su Plaza Durbar, aunque no es ni la mitad de la plaza Durbar de Bhaktapur, por lo que en mi opinión yo la obviaría y me iría directamente a Bhaktapur (aquí).
Plaza Durbar de Patan
En Patan probamos nuestro primer Dal-Bhat y la verdad que aunque sea una comida simple por sus ingredientes a base de lentejas, arroz y verduras, nos pareció delicioso.

Cuando regresamos al hotel Amineh y Azziz, ya nos esperaban en el hotel, ultimamos los preparativos para comenzar el viaje hacia el circuito de los Annapurnas al día siguiente.

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