Cuando llegamos a Puno aún no éramos conscientes de lo que íbamos a vivir. A las 6 de la mañana nos esperaban en la estación de buses con un cartel con nuestros nombres, como en las películas!!! De allí nos llevaron aún hotel, donde dejaríamos las mochilas grandes y cogeríamos todo lo necesario para pasar unos días. Nos recogieron en una furgoneta y nos llevaron al puerto de Puno. Pasaríamos dos días conociendo las islas del lado Peruano del Titicaca. Islas flotantes de los Uros, Amantani y Tarquini.
Nuestro primer contacto con el lago fue conmovedor, como si fuese un prado, la totora invadía el lago hasta el horizonte, incluso algunas islas de los Uros comenzaban a verse en la lejanía.
Dentro de nuestro barco, Zacarías nuestro guía, nos dio un resumen de lo que haríamos durante esos dos días y algo de información sobre el lago y sus habitantes.
Poco a poco nos fuimos acercando a una isla flotante. Los Uros son un pueblo que habita en el
Titicaca desde mucho antes que los Incas son una cultura extraña a la vez que sorprendente. Viven en islas hechas de hojas de totora que arrancan del lago y van uniendo y entrelazando hasta formar una base donde, también de totora, hacen sus casas y sus embarcaciones con las que pescan y se ganan el sustento, a veces, haciendo trueque en el mercado de Puno. Estas islas son pequeñas y viven hacinadas no mas de 6 familias. Cuando bajamos del barco y pisamos la isla la sensación bajo nuestros pies fue extraña, parecía que caminas sobre paja húmeda y que en cualquier momento se separará y te engullirá el lago. Zacarías nos contó que la mayoría de sus habitantes sufren una enfermedad común, el reúma, originada por la humedad acumulada por la totora y que además caminan descalzos, y al no usar calzado que aísla la humedad no les favorece en nada. Como otra curiosidad es el único pueblo que aún sigue siendo ateo, nunca tuvieron fe en el sol y la luna como los incas y ni siquiera los conquistadores fueron capaces de inculcarles el catolicismo.
Mujeres recibiendonos a la llegada.
Titicaca desde mucho antes que los Incas son una cultura extraña a la vez que sorprendente. Viven en islas hechas de hojas de totora que arrancan del lago y van uniendo y entrelazando hasta formar una base donde, también de totora, hacen sus casas y sus embarcaciones con las que pescan y se ganan el sustento, a veces, haciendo trueque en el mercado de Puno. Estas islas son pequeñas y viven hacinadas no mas de 6 familias. Cuando bajamos del barco y pisamos la isla la sensación bajo nuestros pies fue extraña, parecía que caminas sobre paja húmeda y que en cualquier momento se separará y te engullirá el lago. Zacarías nos contó que la mayoría de sus habitantes sufren una enfermedad común, el reúma, originada por la humedad acumulada por la totora y que además caminan descalzos, y al no usar calzado que aísla la humedad no les favorece en nada. Como otra curiosidad es el único pueblo que aún sigue siendo ateo, nunca tuvieron fe en el sol y la luna como los incas y ni siquiera los conquistadores fueron capaces de inculcarles el catolicismo.
Después de una larga presentación sobre sus modos de vida, la sensación que nos dejó en el cuerpo es la de que aún pareciendo un circo, en referencia a lo vivido con ellos, nos parece igualmente una forma de vida muy dura. Volvimos al barco y puso rumbo a la isla de Amantani. A las dos horas de navegación empezamos a acercarnos a la isla. No era muy grande pero tampoco muy pequeña, algo
que nos impresionó fue la cantidad de terrazas para cultivo que existían en la isla, toda ella parece que en otra época fue usada solo para cultivo. Algo que sí se sabe, es que la isla fue un centro de adoración y peregrinaje al dios sol y solo estaba habitada por sacerdotes. La isla de enfrente, Taquile, era su contraria puesto que allí vivían las sacerdotisas vírgenes que adoraban a la luna, según nos contó Zacarías, con la desaparición del imperio Inca sacerdotes y vírgenes se unieron
que nos impresionó fue la cantidad de terrazas para cultivo que existían en la isla, toda ella parece que en otra época fue usada solo para cultivo. Algo que sí se sabe, es que la isla fue un centro de adoración y peregrinaje al dios sol y solo estaba habitada por sacerdotes. La isla de enfrente, Taquile, era su contraria puesto que allí vivían las sacerdotisas vírgenes que adoraban a la luna, según nos contó Zacarías, con la desaparición del imperio Inca sacerdotes y vírgenes se unieron
siendo sus descendientes los actuales pobladores, sin embargo son muy diferentes unos de otros en carácter y costumbres, puesto que Amantani podemos convivir con una familia local, y en Taquile, son muy reacios a este tipo de prácticas intrusivas de su cultura.
Isla de Amantani.
Cuando desembarcamos nos dividieron por familias y nos tocó la familia de Rubén, que curiosamente, era el presidente de su comunidad. Os explicaremos esto un poco mas. En la isla, sus ciudadanos se dividen en pequeñas comunidades dependiendo de la región que ocupen y cada comunidad tiene su presidente elegido por votación. La repartición de los turistas se realiza por temporadas, es decir esta semana le toca a una comunidad y la siguiente a otra, así ganan todos. La vivencia la compartimos con una pareja mejicana, Jimena y Nicolás, unos chicos encantadores. En casa de Rubén compartimos comida, cama y buenos momentos con los niños, sobre todo con Mía Lady, una niña de tres años que era un amor. Pero no solo compartimos la vida en el hogar, además nos llevaron de fiesta!!!! Nos vistieron con sus trajes tradicionales y nos fuimos a una pequeña sala donde se reunían para festejar. Allí, nos enseñaron sus bailes típicos y al son de la música de una orquesta danzamos y reímos durante dos horas. Preguntamos a Lucy porque su marido, Rubén estaba sentado en una silla separado de los demás junto a la orquesta, serio, y cuando sonaba la música sonreía y se acercaba a bailar junto con todos. Lucy contestó rápido y con orgullo, este año mi marido es el presidente.
Adriana y Juan con las ropas típicas de Amantani.
En Amantani tuvimos la oportunidad de despedir al dios sol desde su templo en lo alto de la isla, a mas de 4.000 metros de altura. Sin duda una de las puestas de sol más bellas que hemos visto.
Pero para nuestra sorpresa,al otro lado de la isla, la luna intentaba despedirse de su amado el sol, mientras que su amante el mar intentaba robar su reflejo. Nos quedamos sin palabras.
Al día siguiente nos despedimos de nuestra familia de acogida con pena, sin duda nos hubiésemos quedado una semana con ellos pero no podía ser, teníamos que marcharnos rumbo a Taquile.
En esta foto estamos con Dani, Sam, Lucy, Mía Lady y Ruben. Gracias!!!!!Nunca olvidaremos tan buenos momentos con ustedes!!!
Zacarías ya estaba en el barco con micrófono en mano dispuesto a explicarnos toda la historia de Taquile. La isla a tan solo una hora de Amantani, es muy diferente, pero no dejó de sorprendernos, sobre todo poder ver cómo sus habitantes aún mantienen con orgullo sus tradiciones hasta el día de hoy. De diario visten sus ropas tradicionales. Los hombres utilizan dos tipos de gorros que deben tejer ellos mismos y que se diferencian en el color, blanco para los solteros y rojo para los casados.
Mujer caminando por los senderos de Taquile.
Además tuvimos la suerte de conocer a uno de los cuatro presidentes de la Isla, existe uno por cada región, y se diferencian del resto de los hombres de la isla en que llevan un sombrero de ala ancha y un bastón de mando como los antiguos incas. Las mujeres utilizan dos colores, el rojo que simboliza al sol y el negro que simboliza la luna. Se cree que estos colores eran utilizados por las propias sacerdotisas que habitaban la isla.
Dimos un paseo bordeando la isla y paramos a almorzar, dándonos un homenaje con las primeras truchas del lago.
De vuelta hacia Puno, hablamos largo y tendido con Zacarías en una conversación más privada, donde nos contó historias del lago y de la isla del sol, nuestro próximo destino.
Con Zacarías, nuestro guía del lago.
Nos quedamos una noche en Puno ya que los buses que cruzan la frontera con Bolivia salen temprano y ese mismo día de vuelta de las islas no nos daba tiempo. Nos acostamos tristes pensando que dejábamos un país atrás, pero a la vez con la ilusión de pensar que, aún nos quedan muchos momentos por vivir.
Para terminar este diario queremos agradecer a toda la gente de Perú que nos ayudó y guió, a todos los nuevos amigos que hicimos, estáis en nuestro corazón para siempre, y por supuesto a Perú, un país maravilloso que nos hizo vivir grandes momentos que no olvidaremos.
Gracias!!!
ADRI&JUAN
ADRI&JUAN
Hi! It is a very nice narrative of your journey. I stayed with Lucy and Ruben as well! My trip was in September, 2015. Nice memories! Best Wishes, Cibele
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